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EL VIAJE
Hacia agosto del 2013 me encontraba preparando un viaje para ir a visitar a mi madre y mi abuela en Colombia. Estaba completamente segura de que mi estancia le sentaría bien a mi abuela, una mujer fuerte e indomable que a sus 88 años venía con pérdidas de memoria que daban lugar a confundir el presente. Creí con todo el corazón que aunque yo no sería la portadora de su recuperación, el vernos y compartir (aunque en ocasiones no supiera mi nombre) sería un bálsamo eterno para las dos; pero por aquellas jugadas que nos hace el destino, y a escasos 15 días de mi partida recibí la noticia de que mi abuela había muerto. Realmente no tengo palabras para describir lo que eso significaba, porque acababa con los planes que mi corazón tenía ya que en el fondo de mi corazón tal vez sabía que ese encuentro sería nuestro último adiós, o porque la culpa de la distancia nos mata a los que vivimos lejos de nuestros seres queridos. Lo cierto es que frente a ese hecho me encontraba débil para subirme a un avión y atravesar el océano para encontrarme con el cuerpo sin vida de la mujer que me dio su amor y me cuidó y trató como una madre (de hecho, mi segunda madre). Tuve que valerme del apoyo de mi hija mayor para volar al encuentro de una realidad de la vida para la que no estamos preparados, y para una enseñanza más de mi gran maestra, mi abuela. Viajé para apoyar a mi madre, el pilar fuerte en el que se ha cimentado mi familia de tres, viajé para despedirme del cuerpo sin vida de mi abuela, viajé para entender, para crecer, para aprender, pero en ese momento nada de eso sabía, en ese momento sólo me dirigía llena de tristeza hacia el encuentro con una realidad que me dolía.
Pero como la vida tiene esa forma misteriosa de enseñarnos guiándonos con sus hilos invisibles yo me subí a un avión siendo una mujer temerosa de la muerte, y bajé de ese avión como si mi viaje hubiese durado milenios, hice un recorrido mental (inconsciente creo yo) guiado por el poder superior del que provenimos, bajé de ese avión dispuesta a encontrarme con una realidad y con los efectos colaterales de ella. Allí descubrí que la naturaleza deposita sabiduría a temprana edad en nuestros niños, reviví encontrarme con la familia, y como dijo mi prima Isabel Cristina: “Nos reunimos para celebrar la muerte, porque siempre hemos celebrado la vida”. Este viaje fue más que el viaje para una despedida, fue el viaje iniciático a ver con otros ojos la muerte, ese paso por que todos debemos pasar algún día. Mi abuela me enseñó en vida muchas cosas, de hecho hoy más que nunca me descubro repitiendo sus enseñanzas a mi hijos, pero esa mujer sabia, fuerte, curiosa y maravillosa me enseñó mucho con su muerte, el amor hacia su familia, la unión de estos y el deseo de una vida plena a pesar de las vicisitudes.
Mi despedida con su espíritu ocurrió antes de la despedida de su cuerpo, la estancia allí en ese tiempo me dio lugar para crecer y hoy veo que son muchos los viajes que emprendemos para transformarnos.
Siempre nos preguntamos qué es la vida y de hecho si buscamos en Google saldrán muchas definiciones, pero yo hoy creo que la vida es definitivamente lo que nosotros hacemos con ella.
Gracias!! Julia Vélez Bermúdez
Gracias por tu amor, por tu esfuerzo y entrega, tu nieta por siempre jamás.


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